martes, 28 de diciembre de 2010

Regeneremos la democracia, recuperemos su esencia

Cada día que pasa, cada telediario que veo, cada periódico que leo, cada tertulia que sigo, cada vez más y más me doy cuenta mi convición no hace más que crecer, cada vez tengo más claro de la necesidad de este partido llamado Unión Progreso y Democracia.
Ver hasta que punto se está retorciendo el mejor de los sistemas de convivencia que es la democracia, o al menos el mejor de los conocidos; ver como se mercadea día tras día cada pacto, cada acuerdo, solo me dan nauseas, ver como se miente, como se recurre a la demagogia, ver como se retuerce las leyes, como se juega con nuestras sagradas lineas de convivencia solo por intereses partidistas, ver tanta mierda junta, ver eso me da asco.
Hace tres años un hecho extraordinario se dió con el nacimiento de UPyD, un partido de personas, de ciudadanos activos, de individuos seguros, convencidos, con ganas de cambiar las cosas, hartos de tanta miseria en la política. Que sería de nosotros sin este partido, el único que entiende la politica como un instrumento al servicio del ciudadano, el único que tiene por bandera el sentido común, la razón, la igualdad, la libertad, y el profundo respeto a la democracia y a sus leyes.
Ver partidos como el PSOE, un partido cuyos dirigentes han ganado ya varias medallas y tienen ya varios premios a la mentira, a la manipulación, a la inaptitud, a la ineficacia, al sectarismo, a la miseria...; ver partidos como el PP que en mucho es un calco del PSOE y cuyo anclaje en sus bases más reacionarias, en sus bases mas extremas no le dejan ser esa esperanza para un votante libre, que cree en el progreso y en la igualdad...; ver partidos como IU un partido cuya base ideológica es el comunismo, ideología antidemocratica y prima hermana, en su estética y esencia, de ideologías como el nacionalsocialismo y el fascismo, un partido que justifica el regimen de Cuba, un regimen dictatorial comunista, simplemente por simpatía ideológica, olvidándose de que antes que la ideología que pueda tener uno está la democracia... Y que decir de los partidos nacionalistas, banderas del egoismo, banderas del odio, banderas de la desigualdad, banderas de la manipulación de la historia.
Sin duda hoy más que nunca ser demócrata es una tarea importante, porque ser demócrata no es solo defender que esista partidos y que se vote cada cuatro años, no es solo eso, eso es una mínima parte. Ser demócrata implica en democracia defender las leyes y su legitimidad, defender el cumplimiento de la legalidad vigente como valor democrático, más allá de que ciertas leyes nos gusten o no; ser demócrata implica defender todas y cada una de las instituciones que conforman un Estado democrático y de derecho; ser demócrata implica condenar todo tipo de manifestación contraria a la democracia, se de dentro o fuera de tu país, porque la democracia no entiende de fronteras; ser demócrata implica no mercadear para llegar a acuerdos, implica apoyar o no una postura en base a si entendemos que es bueno para el conjunto de la ciudadanía y no en base a intereses partidistas; ser demócrata implica luchar por los derechos humanos, condenar las dictaduras, luchar por la justicia, por la igualdad, por la libertad y nunca jamás vacilar en ello, siempre con fuerza y con energía, día a día sin descanso.
Ser demócrata es una actitud ante la vida, y desde luego, viendo el mercadeo en el que nuestros políticos han convertido la política, me doy cuenta de lo necesario que era que naciese esa esperanza de regeneración democrática, porque eso es, esto es lo que hay que cambiar. La democracia ha entrado en la monotonía como entra una pareja después de un tiempo juntos, y al igual que una pareja, para que no se rompa y se vaya al traste necesita de estimulantes, necesita regenerarse y recuperar la esencia de su contenido, recuperar su sentido, y por ello nació UPyD, un partido que ha nacido con la importante misión de recordar lo que supone la democracia, para que despertemos de esa monotonía y para que de esa monotonía no se aproveche nadie.
Sin duda la democracia, sus valores, su sentido, su esencia debería invadir cada instante de nuestras vidas, pensemos en ello y pensemos rápido, porque solo cuando perdemos las cosas buenas que tenemos es cuando nos damos cuenta de su valor. Empecemos pues a invadir de democracia cada gesto, cada mirada, cada respiro, cada intención, porque solo así tendremos una democracia sana y fuerte.

Una sociedad sin capacidad empática y afectiva es una sociedad muerta

El ser humano es un ser extremadamente misterioso, ese misterio le hace ser la criatura más maravillosa que existe, capaz de alcanzar los mayores sueños, capaz a la par de actos buenos y terribles.
Mirar a una persona a los ojos es conectarse a una vida de esperanzas, miserias, alegrías, ilusiones y fantasías. Cuando las personas se miren a los ojos y vean la maravilla que encierran los demás, cuando las personas sean capaces de ponerse en el lugar del otro y comprendan la complejidad que esconde el ser humano, cuando vean en los ojos de los demás la vida, las penas y las grandezas de los otros, las sociedades serán más justas y buenas.
Los seres humanos encierran en si mismos grandezas extraordinarias, pero también pueden encerrar las más terribles acciones, de ello depende mucho el desarrollo de cada individuo, su contexto y la conexión con los demás. Es en la falta de capacidad de entenderse, de comprender al otro, de ponerse en su situación, de sentir su alegría y su tristeza, su sonrisa y sus lágrimas, es ahí donde radica el problema, es ahí donde nacen muchos de nuestros problemas.
Si aparte de centrarnos en el desarrollo tecnológico y económico de las sociedades, nos centráramos, y de manera especial, en el desarrollo empático de los individuos, en su desarrollo emotivo-afectivo como parte de una sociedad que busca el progreso, no solo en el bienestar sino el progreso con mayúsculas que es el progreso humano, os aseguro que las sociedades serían mucho mejores, desde luego mucho más humanas.
La riqueza que esconde el alma de una persona es mucho más grande que todo desarrollo tecnológico o económico, y desde luego sin esa riqueza es como ese desarrollo tecnológico y económico acabará venciendo a la humanidad.
Mucho ojo con esto, no quiero despertar un día en un mundo donde los valores, el afecto, y la empatía hayan muerto, quiero pensar que aun estamos a tiempo.

Pedro García Crespo (Valladolid)
Miembro del Consejo Político de CyL (UPyD)

El Tea Party, el nacionalismo del individuo

Hace poco leí la opinión de Vargas Llosa sobre lo que son y el peligro que encierran los nacionalismos, y muy deacuerdo estoy con él. El nacionalismo encierra un totalitarismo y egoísmo extremo; es curioso que toda ideología dictatorial como el fascismo, el nacionalsocialismo o el comunismo tienen el nacionalismo como algo fundamental.
Pero hay otro peligro, a mi entender, tan preocupante como los nacionalismos, y es que hemos visto no hace mucho, con ocasión de las legislativas de EE.UU., ese movimiento llamado Tea Party, un conglomerado de personas entre las que se encuentran conservadores, homófonos y ultra cristianos..., pero sobre todo donde la ideología principal en este movimiento es el liberalismo extremo, aquel del individualismo por encima de todo, de la privatización, de menos Estado, etc. Hablando claramente, el Tea Party y lo que representa me da miedo tanto como los nacionalismos, ya que ambos tienen el sello del egoísmo y del miedo en su ideología. Unos por exceso de Estado, otros por defecto, ambos son un peligro para una sociedad que quiera progresar conjuntamente bajo la bandera no solo de la libertad sino también de la igualdad y la solidaridad, esenciales para una sociedad de valores democráticos y no de individuos bien al servicio del Estado, bien al servicio exclusivamente de si mismos.
Una sociedad no puede estar formada por individuos que ignoren a sus conciudadanos de la misma forma que no puede estar formada por individuos que ignoren su condición de ciudadano. Ni olvidarse de uno mismo, hecho que pasa con los nacionalismos al tapar a todos bajo la manta del Estado; ni olvidarse de los demás, hecho que abandera el ultraliberalismo al ignorar, cegados por el egoísmo, al conjunto y al Estado, para centrarse solo en los individuos olvidando su integración en una sociedad.
El Tea Party no es más que el nacionalismo del individuo, aquel del liberalismo extremo, una ideología egoísta, contraria a los principios de solidaridad, progreso e igualdad que tiene que tener toda sociedad democrática.
Una sociedad no puede permitirse una anarquía liberal, en la que solo los más fuertes sobrevivan; el Estado, que somos todos, debe existir para garantizar los derechos, la justicia, la igualdad y sobre todo la democracia.
El Tea Party, reflejo del ultraliberalismo, no es más que la expresión más peligrosa del egoísmo y del miedo del individuo hacia sus conciudadanos y la sociedad. Vigilemos esto, porque ya he visto simpatías entre liberales en nuestro país hacia este movimiento; ya padecimos el virus con los nacionalismos, no dejemos que se instale en nuestra sociedad el extremismo liberal del Tea Party.

Pedro García Crespo (Valladolid)
Miembro del Consejo Político de CyL (UPyD)