lunes, 5 de agosto de 2013

Hacia una democracia inclusiva, plural y social

Estamos en un país en donde hay una clara crisis política y democrática, y no solo económica, una crisis moral, de valores diría yo. Ante esa llamada derecha conservadora (PP), y ante esa izquierda también conservadora (PSOE), que roban, mienten y manipulan hasta la saciedad, despreciando la democracia y la cosa pública, tenemos también a esos partidos llamados nacionalistas, de clara ideología hispanofóbica, que se alimentan del victimismo y la mentira para robar y construir sus proyectos secesionistas a costa de pisar el Estado de bienestar y los derechos de los ciudadanos; intentando crear comunidades uniformes y uniformadas, pasando por encima de la pluralidad de dichas comunidades. Y a esta situación, algo propio, típico de España, se le suma la crisis de un sistema económico que hay que redefinir para garantizar la justicia social, el Estado social sagrado y primordial de una democracia que sea más que ir a votar cada 4 años, que sea democracia en tanto justicia social se de.

En estos tiempos si hay algo que me preocupa son los extremismos, fruto de la situación que he comentado, extremismo tanto de una derecha que quiere aprovechar para acabar con nuestro Estado de bienestar, como de una extrema izquierda sectaria y demagógica, que alimenta sus discursos con los recuerdos de la 2º república española, una extrema izquierda que pide democracia aquí pero que no tiene impedimento alguno en defender dictaduras fuera, por simple simpatía ideológica. El camino hacia una regeneración del Estado actual no debe de darse por caminos extremos, ni violentos, recuerdos de pasados nefastos; el camino debe de darse desde la democracia y para la democracia. Esto implica, inequívocamente, la necesaria participación del pueblo para construir una democracia que vaya más allá del simple voto cada 4 años, una democracia que haga sentir al pueblo el conductor de su destimo, una democracia encaminada hacia un Estado social, un Estado de bienestar fuerte, inviolable y sagrado. Una democracia plural, representativa sí, pero también con todos los cauces necesarios para la participación y el control directo del pueblo. En definitiva una democracia inclusiva, plural y social, en donde el pueblo tome las riendas de la cosa pública y la sienta suya.

Mi apuesta es una república, sin nostalgias de pasados oscuros, un Estado federal cooperativo, un Estado social con un Estado de bienestar fuerte, inviolable y creciente, encaminado a la justicia social y al bienestar de un pueblo que goce de todas las herramientas necesarias para hacer suyo el Estado.